¿A quién escucho?

En mi consulta atiendo bajo demanda a toda persona que lo necesite. Según la edad del consultante distingo entre tres tipos de clínica: Clínica con adultos – Clínica con adolescentes – Clínica con niños.

Clínica con adultos

Nos encontramos un día con una angustia insoportable, miedo, obsesión, un malestar que no nos deja vivir tranquilos. En nuestra consulta podemos ayudarte. Nuestro trabajo se basa en el lenguaje hablado. Somos seres de lenguaje. Es el lenguaje el que nos convierte en seres humanos. Una palabra bien dicha nos alegra pero al contrario, nos puede hacer sufrir mucho. Nuestra herramienta es la entrevista. No es una conversación como la que se tendría con amigo, familiar o conocido. Trabajamos bajo transferencia que es un vínculo especial entre consultante y psicoterapeuta La escucha del terapeuta es especial. Es una escucha activa y psicoanalítica. Lo importante es tu discurso. Escuchamos tu queja, la expresión de tu malestar. Te escuchamos sin juzgar. Esta escucha permite que el consultante pueda expresarse con total libertad y en consecuencia rebajar su angustia. A través de las entrevistas salen a la luz, vivencias que nos han marcado y ya no recordamos. Al hacerlo desaparecen los síntomas. La palabra tiene también poder curativo.

Clínica con adolescentes

La adolescencia es una etapa bastante difícil. Se producen muchos cambios físicos y psíquicos difíciles de asumir. Cambian los amigos, se despierta la sexualidad latente hasta ese momento y aparecen multitud de interrogantes. El cuerpo se desarrolla, se modifica y esto no siempre se acepta con facilidad. A veces los adolescentes necesitan hablar de sus dificultades y dudas que no pueden transmitir ni a sus padres o familiares, ni amigos/as. En la consulta psicoanalítica escuchamos sus problemas con objetividad ayudándoles a conseguir la confianza y seguridad en sí mismos que necesitan.

Clínica con niños

Desde que nacemos, gracias al amor y cuidados que recibimos de nuestros padres o personas que ejercen esta función se comienza a constituir nuestra estructura psíquica que va a ser la base de nuestra futura personalidad. Un niño sano es un niño feliz, revoltoso, dicharachero, creativo, preguntón. Un niño que no para quieto. Deseoso de jugar y participar en la vida familiar. Si su niño/a no se comporta así, está triste, no quiere hablar, es importante preguntarle y si no se ve mejoría, la consulta al psicoanalista ofrece una valiosa ayuda. Aunque no digan nada los niños absorben como esponjas lo que viven, oyen y ven.. Los disgustos familiares, problemas en la pareja les afectan y, muchas veces se sienten ellos mismos, sin serlo, culpables de haberlos provocado. Si no se les da la oportunidad de expresarse libremente pueden interiorizar estas preocupaciones formando síntomas como enuresis, encopresis, fobias, hiperactividad, envida, celos, tener dificultades en el colegio, o para relacionarse con los demás, etc.