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Blog dirigido a las personas que desean disfrutar de una vida feliz. Me gustaría escucharte y ayudarte a solucionar tu malestar.

El amor hace avanzar a la humanidad. 

Los seres humanos nacemos inacabados y es gracias al amor del otro, normalmente la madre biológica, o quien realiza esta función durante los primeros meses de vida que el bebé consigue humanizarse, al acceder al lenguaje y con ello, si todo va bien, a una estructura psíquica neurótica.

 Además de esto es necesario que este bebé sienta el amor de su padre y su intervención realizando esta función-padre, mostrando al hijo su amor hacia la madre.

Normalmente un bebé bien estimulado y atendido empieza a ser capaz de expresar palabras alrededor de los 2,5 años pero para que esto ocurra su cerebro tiene que realizar a lo largo de este periodo una gran cantidad de conexiones sinápticas a una velocidad vertiginosa. Es por este motivo que el bebé necesita muchos cuidados. No sólo comida e higiene sino algo también muy importante, sentirse amado, acariciado, mecido, abrazado, hablado, cantado, escuchado, percibir una mirada de ternura en cada momento en que lo necesita. 

Todo esto estimula su sistema nervioso y va a ser fundamental para su maduración física y psíquica. Es preciso responder a la demanda del bebé cuando él la expresa y respetando también su propio ritmo que, en cada niño es diferente. 

Es gracias a este amor que recibimos como surge en nosotros el deseo de aprender. El niño pequeño se identifica con un objeto amado y esto le permite continuar su evolución, su maduración física y psíquica.

Actualmente, es frecuente que los padres, e incluso a veces más la madre que el padre, por las exigencias laborales, sus propias expectativas de progreso en la empresa o, simplemente por desconocimiento, no dediquen a sus hijos este tiempo precioso e irremplazable que es imprescindible para criar niños felices, sanos y seguros de sí mismos.

Es un tema serio que debe mover a la reflexión. Un niño no es un objeto, aunque desgraciadamente se confunda esto y en muchas parejas se escuche el “queremos tener la parejita” como si de un trofeo se tratara. Cada niño es un ser humano que necesita y se merece toda nuestra atención y cariño ya que, además, nuestro futuro como humanidad depende de lo que ellos sean capaces de lograr.

Según el entorno social en el que el niño crezca y cómo haya sido su desarrollo psíquico y físico se va constituyendo en cada uno de nosotros una determinada estructura psíquica, neurótica, en el mejor de los casos, con rasgos histéricos y obsesivos más o menos pronunciados que nos van a influir a la hora de enamorarnos del otro. 

Aunque normalmente lo desconocemos, hombres y mujeres tenemos estructuras psíquicas muy distintas. 

Nos expresamos y sentimos de muy diferente manera y nos interesamos también por temas y aficiones muy diferentes.

Cuando el amor nos sorprende, se produce un momento mágico, maravilloso. Es un estado de atracción especial que hace que todo cambie cuando aparece el ser amado. Sufrimos, aunque no somos conscientes de ello, un estado de locura especial, una especie de enajenación mental que nos hace ver al otro como un ser único, maravilloso, perfecto. Sentimos que nos completa. Nos hace falta.

Si la relación de pareja continúa es muy probable que pasado un tiempo aparezca la rutina y esto hará descender la pasión amorosa (porque deseamos siempre aquello que no tenemos). Entonces, comenzamos a ver en el otro los defectos, surgen los momentos de desilusión, malestar y nos descubrimos un día pensando: 

  • ¡Pero, ¿Cómo es posible que me haya podido enamorar de este ser?!

¿Qué ha ocurrido? Al enamorarnos se nos nubla el entendimiento. El otro nos atrae por algo que no sabemos qué es y, además, proyectamos en él/ella idealizaciones propias que hemos creado sin ser conscientes de que lo hacíamos.

La terapia psicoanalítica nos ayuda a descifrar estas incógnitas que dificultan nuestra vida amorosa.

Para saber si tiene futuro nuestra vida con la persona amada, es útil formularse la pregunta: ¿Le/la echo de menos?, ¿Puedo vivir sin verle/la? Y responder con honestidad. 

Si la respuesta es que necesitamos al otro a nuestro lado debemos aceptar que no es perfecto y que no va a cambiar. Debemos hacernos seriamente la pregunta de si estamos dispuestos a aceptar al otro como es y, a la vez, admitir que nosotros mismos tampoco somos perfectos.

El amor tiene también un componente paradójico de agresividad. Aceptar que el otro nos hace falta nos enfrenta con nuestras debilidades y genera un sentimiento agresivo hacia el objeto amado porque nos pone en situación de incompletud, de dependencia.

Amar es esencialmente querer ser amado. Se ama desde la falta, desde lo que nos hace falta. La falta es un vacío que demanda ser llenado con lo que sea pero que no se llena con nada. Esto es lo que mueve el amor.

Por eso para muchas personas su mayor preocupación es “ser amado” cuando lo realmente beneficioso para cada ser humano es “ser capaz de amar”.  Podemos ver cómo muchos hombres desean conquistar al otro demostrando su poder económico (buena posición, ser rico) y muchas mujeres recurren a conquistar a través de su belleza física. Ambos, mujeres y hombres intentan también atraer al otro por su inteligencia, elegancia, sus buenas maneras, su interesante conversación. Mostrándose como modestos, útiles, inofensivos. Es siempre un semblante.

Desde el punto de vista del psicoanálisis no se considera que sea debido al “azar” el hecho de que alguien se enamore, elija como pareja, a otra persona que le va a causar sufrimiento.  Como vemos hoy en día, es éste un hecho que suele repetirse. 

Hay poderosas motivaciones que, aunque se encuentran ocultas para el sujeto a quien esto le ocurre, le empujan a actuar como lo hace y seguir eligiendo a quien le hace sufrir.

La terapia psicoanalítica permite sacar estas motivaciones a la luz dándole la posibilidad de transformar su sufrimiento en una vida placentera.

En este siglo XXI en que vivimos, se nos educa para la completud, la perfección, el éxito desde la niñez (véase como ejemplo cualquier concurso en TV). Solo parece valer aquél que triunfa. 

No se acepta la falta que, sin embargo, es tan necesaria al ser humano porque le permite desear.

Creo que lo importante para ser feliz es tener un buen concepto de sí mismo como persona. Pero esto rara vez se enseña en la escuela donde todo es competitividad, disciplina y obediencia.  Menos aún se aprende en la sociedad en que vivimos donde políticos y medios de comunicación nos confunden con sus mensajes mientras la publicidad invita sin descanso al consumo de objetos y sustancias generando la ilusión de que nos van a aportar la felicidad que buscamos. 

Es una forma de tapar la falta que aporta una gratificación engañosa.

La sociedad del siglo XXI se caracteriza por la influencia de Internet y la explosión de las redes sociales. Una sociedad virtual que por un lado es positiva porque elimina distancias y favorece el conocimiento pero que tiene una cara negativa porque puede crear adicción si no se maneja adecuadamente. 

Consume nuestro tiempo, en soledad muchas veces, en detrimento de la calidez que aportan las buenas relaciones presenciales.

Muchos hombres sustituyen hoy día la posibilidad de disfrutar de una buena relación sexual, en la que siempre hay algún riesgo, por la seguridad que aporta la soledad y se entregan a estar enchufados al televisor, al fútbol, los videojuegos, los casinos online,  la pornografía o las drogas.

Por otro lado se observa que, respecto a la sexualidad, la juventud está cambiando, las chicas jóvenes defienden su libertad y se muestran más seguras que los chicos iniciando muchas veces la conquista, lo que provoca que los chicos se sientan inseguros, se inhiban y otras veces, prefieran relaciones esporádicas sin querer comprometerse a más.

Sin embargo cuando una persona está segura de sí misma y se acepta como es, con sus imperfecciones, tiene mucho camino avanzado para ser feliz porque lo que desea es ser capaz de dar su amor a los demás.

Esto es realmente lo que mayor felicidad le va a aportar. El estar dispuesto a dar lo mejor de sí mismo sin esperar nada a cambio.

La terapia analítica ayuda a sentirse seguro de sí mismo porque ofrece la posibilidad de conocerse y aceptarse. Saber qué quiere realmente hacer con su vida.

Una vida que nos ha sido dada como un regalo, a cuidar y proteger, y del que se debe intentar disfrutar con los demás el mayor tiempo posible.

Les animo a leer el libro de (García Márquez, G. Memoria de mis putas tristes - 2004). Una bellísima historia sobre el deseo de vivir y de amar en un anciano de 90 años.